Una nueva experiencia: el mejor vino y por copa

Vico Wine Bar abrió sus puertas con casi 160 etiquetas de diferentes vinos que pueden degustarse sin comprar la botella. Sus 18 máquinas permiten que cada persona pueda elegir y servirse en su copa lo que quiera, con un asesoramiento de primera clase.

Germán Riesco

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¿Cómo hacer para que los mejores vinos estén al alcance de la mayor cantidad de gente posible?, fue la pregunta que más de una vez se hicieron cuando soñaban con poder lograrlo. Lo que sí estaba claro era que se vendería por copa, pero también era cierto que para hacerlo se necesitaba un sistema novedoso y moderno que permitiese mantener la bebida en óptimo estado durante varios días.

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Vivir una experiencia distinta, jugando y probando bajo un atractivo sistema de self service, que siempre cuenta con el asesoramiento requerido, es la esencia de Vico Wine Bar. Son 18 dispensers que tienen un total de 136 etiquetas a disposición de los consumidores, para servirse en sus copas y disfrutar de vinos jóvenes, de media y alta gama, como así también de los importados. Pero además, se les suman 10 variedades de espumantes y 12 dulces, que sí se venden por botella o por copa, siendo los únicos que no se encuentran en las máquinas.

 


El pasado 24 de octubre en Gurruchaga 1.149, casi el límite de Villa Crespo y Palermo, Buenos Aires, Fernando Procupez y Gabriela Vinocur (fundadores de la distribuidora de vinos y bebidas Coyanco), Pablo Colina y Carlo Contini cumplieron el sueño de abrir las puertas de un wine bar único en Argentina por el sistema Wineemotion. “Es sencillo. Son tubos de nitrógeno que nutren a las máquinas del mismo para que el vino no se oxide y dure unos 25 días, generando la presión necesaria para que la bebida pueda servirse por el pico que posee. Todos los dispensers están conectados vía internet a un sistema que permite que se hagan evaluaciones y todo lo que se requiera en cada una de las máquinas. Se realiza online desde Italia, en donde está la central de estos productos”, explica el reconocido sommelier Pablo Colina.

Una persona toma su copa, camina por Vico observando los vinos disponibles y cuando se decide, inserta una tarjeta que les da el lugar y elige cuál de las tres medidas va a servirse ella misma. Al terminar la experiencia, se abona lo que está cargado en esa tarjeta que habilita a cada cliente a servirse el vino que escoja. Claro que en el salón de planta baja llegan a haber hasta 9 personas, encabezadas por Colina, y de las cuales la mitad por lo menos tienen muy buen conocimiento de esta bebida para brindar el asesoramiento correcto a cada uno que así lo requiera.

La ventaja de poder degustar vinos de alta gama, que tal vez no hubiesen probado debido a que el valor de la botella es muy elevado para mucha gente, es uno de los grandes beneficios que le encuentran los consumidores que se animan a esta nueva experiencia. Algunos también eligen un tasting previamente reservado, que puede tener a Colina, Contini u a otro de los sommeliers de la casa brindando un asesoramiento más personalizado en cada tramo del recorrido.
La calidez y la buena atención de quienes trabajan en el lugar lleva a pasar un lindo momento, ya sea abajo o en la planta alta -el llamado Tasting room- en donde están las dos máquinas de vinos importados, acompañados por una mesa para doce personas y unos cómodos sillones, en donde el ambiente es más íntimo que en el principal, que también tiene mesas más altas con banquetas y sillones todavía más amplios.

 


“Al principio pensamos en que iba a costar que los clientes se acostumbraran al self service, sumado al vino por copa y a las tres medidas internacionales con las que ellos pueden servirse. Sin embargo, no fue un problema y lo que más debemos explicarles en esta nueva experiencia es que nuestra gastronomía acompaña a las bebidas desde otro lugar. Vico no es un clásico restaurante donde uno se sienta a cenar y compra una botella de vino (sí puede hacerlo con los espumantes), sino que los invitamos a recorrer las diferentes opciones que tenemos, a probar y a jugar con los diferentes sabores”, cuenta Colina, quien recibe a la gente con gran amabilidad y junto a un importante equipo les explican de qué se trata y los asesoran en lo que necesiten.


Selección de quesos y fiambres; pulpo, papas y alioli de pimentón; cordero braseado; gnocchis de queso manchego; mollejas –emulsión de zanahorias y jengibre-; trucha marinada; langostinos –crema ácida de almendras- son algunas de las opciones de la carta que ofrece el lugar y que se completa con peras en vino tinto especiado o bizcocho húmedo de mandarinas y amapolas, por solo mencionar algunos de sus dulces.

Gente que va de los 30 a los 50 años en su mayoría, pero a quienes también se les suman los más jóvenes, tienen una variada gama de más de 20 cócteles creados por el experimentado Carlo Contini y realizados por el bartender Emanuel Dobryden. Divididos en Aperitivi, Tonic & Fizz, Negroni en Vico, Pensando Vintage, y Della Casa, son otras opciones para disfrutar más allá del vino.


Milan, Barcelona, Madrid, la Toscana, Santiago de Chile son algunos lugares en donde existe el sistema. “Fui al bar Boca Nariz en Santiago y vi que las máquinas solo estaban colocadas detrás de la barra. En algunos sitios europeos pasa igual, pero también me encontré con vinotecas que vendían vino en botella y además lo hacían por copa. Y lo que siempre pensé es que en Vico debíamos ubicarlas para que la gente se sirva sola y no detrás de las barras, por ejemplo”, comparte su experiencia Colina, quien también viajó a Nueva York y Canadá para ver la estética de los lugares y probar su gastronomía.

 


Este nuevo y novedoso sistema está en expansión y cada vez llegará a más países. Contini cuenta que ya hay alrededor de 30 y que en Argentina varias bodegas lo están incorporando, Uruguay va rumbo a tener uno con 10 máquinas, mientras que en China se está gestando el mayor en el mundo con nada menos que 60 dispensers. Pero, con todavía más orgullo, asegura que si bien en Brasil existen 8 y uno de ellos era el más grande de Latinoamérica, esto fue solo hasta que Vico abrió sus puertas con sus 18 máquinas que cumplen con el objetivo de llevar los mejores vinos a la mayor cantidad de gente posible en una experiencia única.

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