En Galicia destacan la vitivinicultura biodinámica argentina

El diario La Voz de Galicia nombró a 20 bodegas locales bajo el título "Vinos al ritmo de los ciclos lunares"

Un puñado de bodegas argentinas han decidido apostar con fuerza por la sabiduría de la agricultura tradicional. Y con éxito, pues ya han logrado exportar casi todas las botellas de sus vinos biodinámicos a Europa y Estados Unidos, donde la demanda de estos caldos certificados no para de crecer. Se trata de una veintena de productores que rechazan el uso de químicos.

No utilizan pesticidas ni fertilizantes, organizan las tareas agrícolas con los ciclos lunares y siguen la filosofía holística, que entiende al hombre y a la naturaleza como una unidad en interacción constante. Entierran cuernos de vaca con guano y un preparado con sílice que da un compost que canaliza la energía cósmica a la uva. Estos caldos, además de orgánicos, son producto del conocimiento ancestral. Cuentan con estrictos controles de calidad y su volumen ya casi alcanza el 1% de la industria vitivinícola argentina, la sexta en producción a nivel mundial. "Queremos implementar en las mejores zonas vitícolas de Mendoza soluciones agroecológicas capaces de recuperar el verdadero carácter agrocultural del vino argentino", explica Juan Pelizzatti, socio gerente de Chakana Wines, que se inició en 2002 como un proyecto de viticultura convencional y diez años después encontró en la certificación biodinámica "la única alternativa para una aproximación agroecológica, humanista y sistémica al viñedo". Ellos son pioneros en este método de producción en el país austral.

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En 2016, su finca Nuna, de 80 hectáreas, en Agrelo obtuvo el sello internacional. "Todos los vinos que producimos en esta propiedad pueden contar con certificación biodinámica, aunque no todos nuestros importadores desean ofrecerlos de esa manera", razona.

Chakana produce al año cerca de un millón de botellas con una facturación de unos 3.400.000 euros. Exporta ya el 60 % de su producción.

 

Sentido espiritual

Estos bodegueros siguen las teorías del austríaco Rudolf Steiner, creador de la Antroposofía, que concibe los viñedos como un ecosistema independiente donde los seres vivos y los astros deben convivir en equilibrio. "Steiner dice que la agricultura biodinámica es el sentido espiritual del cultivo de la tierra", argumenta Alejandro Bianchi, fundador de Finca Dinamia. Éste descarta cualquier tipo de esoterismo y defiende el sustento científico de la influencia de la luna en los procesos de la naturaleza. "Si vamos a cosechar, va a ser tres días antes o tres días después de la luna llena, cuando los líquidos están en la parte más alta de la planta", detalla.

Juan Buzzio, gerente de Demeter Argentina, encargada de conceder las certificaciones internacionales para los vinos biodinámicos, ve en estos productos un nicho de mercado de creciente importancia. Estos vinos argentinos se venden en Alemania, Finlandia, Francia y Estados Unidos. "En los últimos dos años han tenido un crecimiento exponencial y son un mercado en desarrollo», augura.

Según Buzzio, ahora mismo existen diez bodegas argentinas que cuentan con la certificación Demeter aprobada y otras dos están en proceso de transición del método agrícola convencional, aunque existen otros productores que también practican este sistema, pero "por su tamaño o mercado no necesitan certificar".

Argentina es el sexto productor mundial de vino, con 11,8 millones de hectolitros por año, y ocupa el séptimo escalón global en superficie plantada, con más de 230.000 hectáreas cultivadas con malbec (21%), cereza (15%), bonarda (10%), criolla grande (8%), cabernet sauvignon (8%), syrah (7%), Pedro Giménez (6%) y el 25 % restante con otras varietales. Esta industria genera más de 106.000 puestos de trabajo directos y unos 280.000 indirectos en las más de 900 bodegas activas en 12 provincias argentinas.

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