Con carnes: ¿qué vino elegir?

No cabe duda que el vino es el acompañante perfecto para cada comida, para cada paso, ya sea de arranque, en el trascurso y hasta en el final de cada encuentro gastronómico. ¡Con las carnes, una fija!

Pero es su maridaje con las carnes tal vez uno de los lugares en donde más cómodo se siente, y no solo el acompañante ideal por serlo, sino que produce otros tipos de efectos accesorios como por ejemplo la limpieza de la boca al momento de consumir aquellas carnes ricas en grasas o bien de acompañadas con ingredientes de fuste, como es el caso de salsas a base de productos o especias picantes y densas; pero también;  y seguramente la mayor de las funciones, el valor agregado que le imprime la bebida a los sabores que arrastran las carnes, no solo las rojas, sino también las blancas y los embutidos.

Desde Guarda 14, buscamos dar en el blanco y recomendarte aquellos vinos que acompañan de la mejor manera a las carnes más consumidas, aclarando, que en esto del vino la objetividad no existe y que nada es absoluto, sino al contrario, la experiencia es la que hace la escuela. Y así como no existe un vino para cada comida tampoco cada consumidor es igual, ya sea por sus preconceptos, y sus experiencias adquiridas, como sus costumbres y realidades económicas, culturales y sociales.

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Para el comienzo, generalmente en las entradas o cócteles de bienvenidas donde hacen su protagónico carnes frías, como pollo, pavo o bien algunos mariscos o fiambres los vinos ligeros, frescos y fáciles de tomar pueden hacer su aparición, aunque no solo estamos hablando de blancos, como pueden ser las variedades sauvignon blanc, torrontés o riesling, por su acidez, su frescura u su aroma floral y despojado de complejos; también los tintos pueden tener su oportunidad. Porque en muchas ocasiones dentro de estos primeros platos aparecen carnes rojas o algunos embutidos que van muy bien con algún tinto joven, tal vez sin paso por madera. Puede ser, por qué no, cabernet franc, malbec o bonarda.

Para continuar, con carnes más potentes, con más cuerpo y consistencia, pueden hacer su entrada vinos blancos medios, no tan ácidos, aunque aún ligeros. Para las carnes blancas como pollo, pescado o conejo a la parrilla o al horno podemos escoger caldos que estén a medio camino entre los vinos más ligeros y los que tengan más cuerpo. También para otros tipos de carnes como chivo o cordero algún blanco con breve paso por barrica, posiblemente un chardonnay, una variedad con buena capacidad antioxidante que rinde en estas ocasiones.

Surgiendo con carnes cocidas a las brasas, nos podemos detener en aquellas rojas un poco más sazonadas, escoger un buen cabernet sauvignon bien especiado, con paso por madera para que haga de contrapunto perfecto no solo con su maridaje sino con su capacidad de limpieza de contenido graso de la cavidad bucal. También podemos seleccionar un buen bonarda con cuerpo y complejidad de crianza que puede ser un buen acompañante.

Por su parte, los sabores más potentes sugieren vinos más complejos, con más presencia tánica. Podemos escoger un vino maduro para acompañar guisos a base de carnes rojas, o estofados. De esta manera, un malbec o un cabernet sauvignon con una buen paso por barricas, de 6 a 12 meses, o más, y una buena estiva, lo que da mucho cuerpo, estructura y taninos fuertes, con una clara acidez y niveles de alcohol de medios a altos, pueden ser la opción. Por qué no un syrah gran cantidad de taninos, son vigorosos y de cuerpo completo.

Para finalizar, y como dijimos al comenzar esta nota, los maridajes son propuestos pero el que decide es el consumidor. Porque en esto del placer de beber y tomar las decisiones pasan pura y exclusivamente por aquello que nos hace disfrutar, la invitación está hecha.

 

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