Bodegas submarinas: Existen... ¿pero cómo son y qué vinos se obtienen?

Cerca de Bilbao, la bodega Crusoe Treasure, añeja sus vinos en las profundidades del mar Cantábrico. Pero no es la única España. Aseguran los enólogos que la energía biodinámica de la luna y las mareas y el oleaje de las olas puede “atesorar” el vino.

Fue seguramente un naufragio lo que le hizo descubrir al hombre que el vino puede envejecer bien en el mar. O, más bien, los hallazgos de botellas encontradas en navíos hundidos, que hace siglos demostraron que la energía biodinámica de la luna y las mareas y el oleaje de las olas pueden “atesorar” el vino, asegura el Diario La Vanguardia de Barcelona

Así lo llama los expertos , “atesorar”, porque el vino subacuático, a diferencia del terrestre, no se cría en barricas de madera. Se sumerge en el fondo del mar –a menos de 20 metros de profundidad–, como si se tratara de un tesoro, y se deja envejecer allí entre seis meses y dos años.

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En los últimos años el “atesoramiento subacuático” de botellas ha revolucionado la enología. Y como, consecuencia, en España están surgiendo cada vez más bodegas marinas. Una de ellas, la más grande y una de las pioneras en esta técnica, es Crusoe Treasure. Presente en el mercado desde 2013, esta bodega “atesora” sus vinos en una concesión de 500 m2 en el mar Cantábrico, situada concretamente en la bahía de Plenzia, cerca de Bilbao.

En España venden vino –chefs como Martín Berasategui, Eneko Atxa o Juan Mari Arzak apuestan por ellos incluyéndolos en sus cartas–, pero lo cierto es que los principales compradores de los caldos que elabora Crusoe Treasure siguen siendo países como China, Rusia, Emiratos Árabes Unidos y EE.UU, donde el vino subacuático tuvo buena acogida desde el inicio.


“Es un producto que encaja con exploradores”, explica Antonio Palacios, enólogo jefe de la bodega Crusoe Treasure, quien junto a su equipo elabora entre 30.000 y 35.000 botellas de vino subacuático al año. “Envejece mucho más rápido que el terrestre, porque el tiempo corre mucho más rápido en el mar –cinco años de la tierra pueden ser dos allí abajo–; lo que le otorga unas características organolépticas muy diferentes”, dice el enólogo.

 


Son vinos muy minerales, con colores más intensos y brillantes, limpios en nariz, con pocos aromas vegetales y más intensidad y concentración aromática. Además tienen mucho volumen y frescor en boca”, cuenta el sumiller y profesor de la Escuela de Hostelería de Girona, Josep Lluís Vilarasau, quien asesora el proyecto de vinos subacuático que el Hotel Cala Joncols, también pionero en España en esta tipología de vinos, inició hace once años.


La bodega del Hotel Cala Joncols se ubica en la Bahía de Rosas, junto a las instalaciones de las piscifactorias de la Cofradía de Pescadores de Rosas. Y en este espacio, bañado por el mar Mediterráneo, se está llevando a cabo un estudio pionero para entender cómo envejece el vino en el mar. “Estamos colaborando con el Instituto Catalán del Corcho de Palafrugell, haciendo un seguimiento de cómo evoluciona nuestro vino con parámetros científicos que mide quincenalmente el equipo de la Doctora Patricia Jové, para dar respuesta a muchas incógnitas”, explica Vilarasau.

Y es que, en con el vino submarino, es el mar quien tiene la última palabra. “El mar es una fuente enorme de energía acumulada. La luna interviene, la alineación de los astros, la energía de las corrientes y de las olas...Es un sistema biodinámico incluso más importante que el que puede haber en la tierra”, dice el sumiller.

Porque, como explica Vilarasau, “la biodinámica no solo se hace en la tierra”. El Hotel Cala Joncols recoge la uva – una variedad autóctona de la zona, la Lledoner roige– de una hectárea de viñedo de la que son propietarios y, una vez embotellado el vino, introducen las botellas en ánforas de arcilla para sumergirlas durante seis meses en el mar. Con las ánfora de arcilla pretenden controlar la luminosidad para que no entre luz al vino, amortizar la fuerza de las olas y mantener el vino a 11-14ºC de temperatura constante.

En Euskadi, el sistema de la bodega Crusoe Treasure es diferente. “Utilizamos estructuras de hormigón con rejas para conseguir el contacto con el mar abierto, depositamos las botellas en jaulas y las sumergimos a 20 metros de profundidad”, cuenta Palacios.


Coincide también Palacios con la opinión de Vilarasau en que “los vinos subacuáticos son de los más dinámicos que existen por la luna y de las mareas” y cuenta que en Crusoe Treasure los tiempos de envejecimiento depende de la fuerza del vino. “Cuando es liviano, como nuestro Seasoul, lo dejamos seis bajo el mar. Si es más estructurado y potente, como el Sea Passion, un año. Y el más elaborado, como el Sea Legends, dos”, dice. Ahora, además, se acaban de lanzar a la elaboración de vinos espumosos y están investigando los destilados marinos.

Pero estas dos nos son las únicas bodegas de España que trabajan los vinos subacuáticos. También hay vinos submarinos en Galicia, donde los Viñedos Raúl Pérez sacan cada año 1.200 botellas de albariño, el producto emblemático de la región.

Aparte, otras dos empresas esperan sumarse al mercado próximamente: Undersea (Mazarrón, Murcia), que aspira a debutar con una producción anual de entre 50.000 y 60.000 botellas, y la Bodega Palmera Castro y Magán, productora de vinos terrestres en la isla canaria de La Palma.

 

Fuente La Vanguardia

 

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