Aromas florales: a cada vino una flor

A través de los aromas el consumidor podrá acceder al vino desde otro lugar, completando su experiencia de consumo.

Sebastián Pérez Dacuña
colaborador Especial Guarda 14

Usted como consumidor de vino sabrá que este no es solo una bebida para poner en un vaso o una copa y beberlo sin ton ni son. Es mucho más, porque con cada botella abierta y consumida se van un sinfín de factores que hacen de ese producto un producto distinto, desde su concepción, allí en la viña, su elaboración en la bodega, su crianza y hasta su servicio. Pero, estos detalles también se trasladan al momento de ser disfrutado y es aquí donde queremos hacer foco para que esa experiencia sea mejor. No le aseguramos que vaya a ser una experiencia única, pero sí que la va a poder disfrutar, y al menos, recordar.

Los aromas primarios de los vinos son percibidos cuando a primeras el  vino entra en  contacto con el aire en una copa.  Al acercarla a nuestra nariz, percibimos estos aromas volátiles que hablan de las cepas empleadas o del grado de madurez de la uva, y son los dominantes en los vinos jóvenes. Entre ellos destacan diferentes tipos: afrutados, florales y vegetales.

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Vamos a detenernos en los aromas florales. Las notas florales son algunas de las descripciones que a menudo aparecen en cualquier contra etiqueta de una botella de vino y ficha de cata. Estos están presentes con notorio protagonismo y rememoran no solo flores, sino también árboles y hasta arbustos.

Y así como es posible que cercanamente a las vides se encuentren distintas flores, no necesariamente estas le tramiten sus características de manera “telepática”. El tema es una cuestión de terruño, y es de esta manera que hay cepas que genéticamente están cargadas de componentes florales.

Es así que por ejemplo, las rosas transmiten al terruño sus características por sus raíces y a su vez las vides pueden adquirirlas. De hecho hay cepas que ya en sus ‘genes’ llevan componentes florales.

Los perfumes de flores blancas y amarillas son frecuentes en los vinos blancos. Y los olores de flores rojas se detectan más a menudo en los vinos tintos.

De esta manera, como el aroma a una rosa fresca lo da el alcohol feniletílico, mientras que la rosa más evolucionada corresponde al geraniol y sobre todo al betacitronelol.

Por otra parte las violetas aparecen una molécula llamada betaionona y procede de la degradación de los carotenos. Este aroma pertenece a la gama de los florales, su perfume goloso evoca también a la frambuesa en los vinos jóvenes, para después evolucionar al humus en los vinos más maduros.

 

Los tintos

Así las cosas, es que probable que cuando olemos un malbec surjan aromas como violeta y geranio, y también se manifiesta algo similar al destapar un tempranillo, donde la violeta puede estar presente.

Por su parte, el cabernet sauvignon propone, siempre sujeto a su concepción, generalmente eucalipto, cedro e incluso a menta, pero también canela y vainilla. Toques que varían mucho según la procedencia de la uva y la crianza del vino.

Y así como el pinot gris experimenta lirio y madreselva,  el pinot noir saca todo sus aromas a rosa y violetas. En tanto, el merlot propone aromas a fresias y toques florales unidos a frutales de frutos rojos.  Y si tiene la posibilidad de destapar un syrah, el aromático clavel y la lavanda aparecen casi siempre. En tanto que el bonarda ofrece unos sutiles acentos anisados.

 

Los blancos

Es muy probable encontrar flores blancas en cepas blancas. Es de esta forma, que por ejemplo en el chardonay encontramos aromas a azahar, jazmín y tilo, además de toques de manzanilla y acacia, lo mismo pasa con el viognier, donde se puede sumar la violeta.

El sauvignon blanc presenta apuntes florales unidos a los frutales. También pueden aparecer aromas a melón, o duraznos y flores tropicales, dependiendo de su elaboración.

En tanto, el torrontés, rememora grandes aromas a rosas, jazmines y geranios

Por eso, antes de beber un vino le recomendamos a animarse a captarlo en toda su totalidad a vivir la experiencia de, a través de la nariz, experimentar aquellos aromas que nos pueden transportan inclusive en tiempo y espacio y acercarnos momentos placenteros vividos y, por qué no, por volver a vivir.

 

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