Vinotecas: Mucho más que un lugar en donde comprar vinos

El asesoramiento personal y la posibilidad de encontrar vinos únicos dan un valor agregado a estos comercios.

Comprar un vino no es una tarea que en lo previo aparezca como algo complejo, ni mucho menos. Es que las opciones para acceder a este producto, en cualquiera de los formatos en los que viene envasado, son amplias. Desde el almacén de la esquina, pasando por el súper o hipermercado, la bodega y las vinotecas, vinerías o wine shops. Es justamente a estas últimas a las que nos vamos a referir.

Porque, según el modo en que están planteadas como negocio, nos permiten encontrar en ellas el ámbito más propicio para adquirir un vino y también constituyen un espacio en el que podemos aprender aún más sobre nuestra bebida nacional. Pues más allá de su resistencia estoica frente a otros canales de retails, incluso a aquellos on line vinculados al e-commerce, aún se mantienen gracias al turismo, a los wine lovers y a los que siempre buscan algo más que la información convencional.

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Estos ámbitos son los que permiten, sabiendo o no de vinos, crear una relación más cercana con el consumidor. “La gente entra buscando una historia: de alguna etiqueta, de un vino, un enólogo y se deja llevar por el asesoramiento. Muchas veces hay clientes que no tienen idea de vinos y confían en lo que uno les recomienda”, dice Roberto Martínez, dueño de la wine store Wine Face.

Foto: malevamag

Nos preguntamos entonces: el secreto de las vinotecas ¿será, más allá del diferencial de los productos, la eficaz forma de comunicar el vino? “En una vinoteca el que te atiende te cuenta sobre el vino. En una vinoteca la atención es más personalizada. Hay consumidores que no saben nada y preguntan para saber. Nosotros tenemos la obligación de indagar en aspectos como: para qué va a llevar ese vino; si es para consumo con alguna comida; si es un regalo. El trabajo del sommelier o el vendedor es clave porque la gente termina conociendo de vinos a través de esta tarea. Es un trabajo de capacitación de hormiga”, explica Bárbara Gutiérrez, sommelier especializada en la atención de vinotecas.

Un buen anfitrión, más allá de su objetivo comercial, puede dar esa serie de tips que convierten a la experiencia en una instancia diferenciadora. Saber qué tipo de vino es el que se elige, la variedad escogida, si es reserva o gran reserva y si tiene paso por madera o no; al igual que: de qué región proviene; no son datos menores ni accesorios, sino que son aportes esenciales para el disfrute pleno de la experiencia.

 

El perfil del consumidor: turistas, adultos y pocos millenials

Si bien no se puede trazar un perfil certero del público de las vinotecas, está claro que el fenómeno alcanza sobre todo al turista en un porcentaje que supera el 50%, repartido entre el extranjero y el nacional. Luego, de manera atomizada: el consumidor local, aquél que es asiduo por cercanía al local comercial; el que busca algo para regalar y el que eventualmente se anima a entrar.

Los turistas que llegan, de acuerdo a lo expuesto por los conocedores, por lo general son brasileños, de Estados Unidos y chilenos. De la plaza nacional provienen principalmente de Buenos Aires, Córdoba, Rosario, Santa Fe y del norte argentino.

“Tenemos muchos turistas de los cuales, en un 60%, se dividen en internacionales y nacionales; después el cliente local, que no elige día a día y que está cerca de la vinoteca. A diferencia de comprar un vino en un híper o un súper, nosotros siempre tenemos un vino abierto que hacemos degustar al cliente. Le explicamos qué está tomando, a qué bodega pertenece. El objetivo es asesorarlo y que puedan disfrutar de un vino en el momento en el que compran”, apunta Martínez. Agrega: “Tenemos 270 etiquetas y, más allá de vender, en lugar de hacernos un cliente nos hacemos un amigo a través del tiempo. Muchas veces les entregamos una tarjeta y nos gusta que nos hagan la devolución del vino que se llevan. Nos sirve a nosotros esa información y el cliente se siente importante”, remarca.

Foto: malevamag

Por su parte Carola Diez, quien también tiene experiencia al frente de una vinoteca, asegura: “Es una atención más personalizada: no sólo con el cliente, sino, también, con los proveedores que, en muchos casos, traen sus vinos sin intermediarios. Acá, a diferencia de lo que puede pasar en una gran cadena, la publicidad es de boca a boca”.

De esta manera Bárbara Gutiérrez, aclara: “El consumidor que llega y compra, ronda entre los 25 y los 60 años”.

Gino Chignoletti, sommelier asesor de vinotecas, cuenta: "Hay gente que viene con la mentalidad de que un vino es lo mejor que existe y, al ser asesorado correctamente, se lleva otro. No es un desprecio por un vino en detrimento de otro, sino que uno se da cuenta qué necesita el cliente”.

 

Qué se puede encontrar

El cliente va buscando, a las vinotecas, etiquetas que no consigue en los supermercados, eso está claro. Es por eso que esa política de venta se fortalece mucho pues, aparte de tener las etiquetas comerciales que hay en otros canales de consumo, en las vinotecas aparecen esas otras marcas que pertenecen a bodegas boutiques, bodegas pequeñas y vinos de autor, “que son exquisitos, pero sin mucho marketing o espalda para salir a promocionarse. Son generalmente vinos de precio-calidad insuperable”, aporta Martínez.

Por lo general, en el supermercado o el hipermercado se encuentran líneas más comerciales, masivas, lo que no quita que el rango de precios sea amplio entre lo económico y caro. “En una vinoteca vendemos mucho blend, partidas cortas. Ésa es la diferencia: productos más exclusivos y que cuentan con más dificultades para estar en una góndola de supermercado”, indica Carola Diez.

La variedad más buscada, sin duda, es el malbec; aunque últimamente el cabernet franc es muy pedido, indicaron los consultados. El espumante ha subido un poco en el consumo, no sólo en celebración o como aperitivo sino, también, para acompañar las comidas.

 

Aquella vinería del barrio

Como la despensa, aunque en menor cantidad, los grandes barrios de Mendoza también tienen su vinería; ésa que suele ser más “de batalla”, donde se arrinconan codo a codo la vieja y querida damajuana junto al botellón de aceite de oliva, el de las aceitunas y hasta los tetra briks y los recientemente, pero no por ello menos populares, bag in box.

Estas vinerías, que generalmente no son lugares a los que acuda el turista, son la conexión a la que el ama de casa o el vecino van en busca del vino nuevo de cada día. Recintos en donde también se pueden encontrar grandes exponentes y precios que oscilan de acuerdo a las calidades. Es por esto que las vinerías de barrio son ese reflejo de que aún el vino goza de buena salud.

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