Islas Azores: Vinos que surgen de lava volcánica junto al mar

Los viñedos de la isla de Pico, en Portugal, plantados en suelo de lava y rodeados con muros de piedra que los protegen del viento marino, fueron declarados Patrimonio de la Humanidad. El paisaje es único en el mundo.

Alrededor de 987 hectáreas en la isla volcánica de Pico, conforman un tesoro vitícola en la segunda isla más grande del archipiélago de las Azores. El paisaje de la Isla del Pico, se caracteriza por sus largas paredes rocosas, construidas con el fin de proteger las parcelas contra el viento y el agua de mar.

El cultivo de la viña en esta isla comenzó a finales del siglo XV. Gracias al suelo volcánico -rico en nutrientes-, al microclima seco y cálido de las laderas protegidas del viento por muros de piedra que se calientan con el sol, las viñas han logrado condiciones excepcionales de maduración. De estos viñedos se logran vinos frescos afrutados, secos y ligeros, que acompaña perfectamente un plato de mariscos o pescado.

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En 2004 la UNESCO catalogó a estas tierras de la isla de Pico -donde se mezcla la naturaleza lávica con las prácticas de cultivo ancestrales-,  Patrimonio de la Humanidad. Lugares como Lajido da Criação Velha y Lajido de Santa Luzia son los mejores ejemplos de un paisaje único. Estas viñas plantadas en suelo de lava se rodean con apretadas paredes de piedra suelta, denominadas currais o curraletas, que las protegen del viento marino pero que dejan entrar el sol necesario para su maduración.

Otros testimonios de la actividad vinícola son las “rilheiras”, surcos dejados por las ruedas de los carros de bueyes que transportaban uvas y barriles.  En los puertos y puertecitos todavía se ve la “rola-pipas”, una rampa excavada junto al mar a través de la cual se llevaban rodando las barricas de vino que se transportaban en barcos a Faial. También asociado al cultivo de la viña existe un patrimonio edificado entre los que se encuentran casas solariegas, bodegas, almacenes, pozos de marea, conventos y ermitas, que merece la pena visitar durante la estancia en esta isla.

En las Bodegas de Pico, a veces adaptadas para el turismo rural, las paredes de piedra volcánica se enlazan con el mar y la vegetación. La memoria viva del ciclo del Verdelho cuenta con un nuevo capítulo en el Museo del Vino. Instalado en Madalena, en un antiguo convento carmelita, cuenta con una colección de aperos, alambiques y pipas. Su frondoso bosque de dragos aporta un escenario espectacular al lagar que ha resistido al paso del tiempo.

La Cooperativa Vitivinícola da Ilha do Pico, que, a lo largo de los tiempos ha seguido produciendo vinos de excepcional calidad, ha lanzado recientemente nuevos vinos, como "Lajido", legítimo heredero del viejo Verdelho, y distintos vinos de mesa, blancos y tintos.

Los vinos de Pico tienen tradición. Los vinos de mesa, blancos o tintos, el vino de cheiro, la angélica y los aguardientes de Pico, pueden encontrarse en cualquier restaurante o supermercado, con lo cual resulta fácil degustarlos.

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