Malbec: El himno que nos identifica

El origen del nombre del varietal se debe al apellido de un viverista húngaro de apellido Malbek o Malbeck, que luego cambió la “k” por la “c”, aludiendo posiblemente a una palabra similar que en francés significa “mal pico”.

Romina Rolón
Sommelier Especial Guarda 14

Sean eternos los “malbecs” que supimos conseguir, coronados de gloria vivamos o juremos sedientos morir.
Nada más nuestro que el Himno Nacional, canto que nos identifica como país. De la misma manera nos representa el malbec en el mundo, flameando con su inconfundible color en cada copa, actuando como gran insignia de la industria vitivinícola.
Aunque en su partida de nacimiento figure Francia, nuestro país adoptó este cepaje como su bandera gracias a la adaptación y versatilidad que mostró en suelo patrio.
 De gala y de pie, para brindar por nuestro varietal que lleva más de 200 años (sic) desde aquel 1853, precisamente un 17 de abril (Día del Malbec), que echó raíces en Mendoza gracias a Michell A. Pouget, junto a Domingo Faustino Sarmiento, en la fundación de una Quinta Normal y una Escuela de Agricultura (hoy Liceo Agrícola y Enológico Domingo Faustino Sarmiento, de la Universidad Nacional de Cuyo). Acontecimiento que fijó el inicio de una búsqueda insaciable de personalidad, con una  historia de amor entre nuestros terruños y este cepaje poco querido en Burdeos, que nos llevaría como consecuencia al estrellato. 
De todas las variedades francesas importadas, la malbec fue la que mejor se adaptó. Porque si bien pasaron muchos años hasta darnos cuenta de su originalidad y exitosa seducción, se debía a las características propias e inconfundibles: fruta generosa, taninos redondos y un paso por boca generalmente envuelto y con gracia.
Tuvo momentos de gloria y oscuridad hasta que en las últimas dos décadas, logró conquistar a consumidores locales y extranjeros por igual.  
 

¿En todo el mundo lo llaman malbec?
Ni argentino ni francés, el origen de su nombre se debe al apellido de un viverista húngaro llamado Malbek o Malbeck (con k final), quien fue uno de los primeros en identificarla por separado y esparcirla en Francia en la zona de Cahors, para posteriormente ser llevada a Burdeos, donde se la conoce también como Auxerrois. 
Luego se deformó el nombre Malbek, reemplazando la “k” por la “c”, aludiendo posiblemente a una palabra similar en francés que significa “mal pico”, a raíz del sabor áspero y amargo que entregaba esta uva en esa región.

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Una cuestión de estilos y de identidad 
Podemos encontrar, de norte a sur del país, tres marcadas personalidades, que son evidentes en la copa cuando tenemos la oportunidad de deleitarnos con el vino de la cepa tinta más plantada de la Argentina. 
En Mendoza es donde esta variedad despliega toda su grandeza, principalmente en la zona alta del río Mendoza. En Agrelo y Vistalba (Luján de Cuyo) alcanza una óptima acidez, gran cuerpo y capacidad para el envejecimiento. La denominación de origen Luján de Cuyo protege y promueve este cepaje. 
Mientras que en Tupungato, Tunuyán y San Carlos (Valle de Uco), la expresión del malbec es más elegante, mostrando notas especiadas y florales bien marcadas.
En la Patagonia (Neuquén y Río Negro) adquiere características de color y aromas muy particulares; nos encontramos con un clima levemente más frío y alturas menos extremas, lo que hace que la baya retenga acidez y se produzcan en el vino notas de frutas negras maduras.
El Norte argentino (Salta y Catamarca) es amigo del sol y las alturas. Como todo producto de esta región, su expresión y personalidad son únicas. Aromas de fruta roja y negra bien madura, pimienta negra, pimentón y una estructura muy sólida con taninos firmes y dulces

El malbec y sus momentos de consumo
Como fans y consumidores del malbec debemos saber que este varietal no nos aburre nunca y nos ofrece elegirlo, en todas sus versiones.  Es por eso que lo damos a conocer a aquellos que todavía no descubren todos sus estilos y que se dejan llevar destapando una botella solo los domingos, cuando vamos a comer nuestro querido asado.  
Debido a su gran virtud, la versatilidad, podemos elegirlo en el inicio de un menú de pasos, en su versión rose espumoso, en el verano, con sus estilos rosados, frescos y curiosos, o como tintos jóvenes y llenos de vitalidad.
En un postre elegirlos en la versión dulce; de cosecha tardía, los encabezados estilos Oporto o terminar con un bajativo, como la grapa, con orujos de la gran variedad emblema.
O cuando debemos tener esas grandes charlas sin fin, destapar una versión ya entrada en años, donde todo su esplendor, que acumuló en su guarda, deja deleitarse con la evolución delatada en su color y en sus infinitos aromas refuta que el malbec, en nuestro país, es síntoma de que hacemos vinos de guarda sin dudas. 

Animarse a más
En esta carrera por posicionar el malbec argentino y sacarle el jugo como punta de lanza surgen obstáculos que muchos prefieren evitar, sin embargo, el éxito estará en poder enfrentarlos. Porque si deseamos, desde este rincón del mundo, poder convencer a todos los consumidores globales de las bondades y atributos de nuestro malbec, vamos a tener que animarnos a más. Es una cuestión de objetivos, y en ese sentido hay dos caminos posibles. 
El primero, y más fácil, pretender que el malbec nacional siga siendo nuestro estandarte y  nuestra llave para abrir puertas. El segundo, mucho más ambicioso, es demostrarle al mundo que realmente el malbec argentino es el mejor, sin importar quienes más lo vinifiquen, como hicieron las grandes zonas vitivinícolas del viejo mundo con sus variedades emblemas: mientras más producían las mismas, en otros lugares, ellos resaltaban por sí solos demostrando  ser únicos. 
Si logramos que muchos lo hagan, el trabajo de posicionamiento será mucho más abarcativo y menos costoso. Y una vez grabada la palabra malbec en el consumidor de vinos, el camino por querer experimentar el mejor malbec será corto.

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